Conocimiento compartido para la competitividad global de Balears

 

 

IMPULSA BALEARS es una plataforma de conocimiento estratégico e interacción regional que trabaja para facilitar la toma de decisiones de los agentes económicos y sociales y la configuración de una agenda de transformación productiva con un impacto significativo sobre la competitividad global de Balears.

 


 

 

Punto y aparte

Lletra/letra:
© El Económico · Última Hora divendres, 3 maig 2019
Antoni Riera (IMPULSA BALEARS)  

 

 

Si la evolución económica de Balears siguiera la secuencia lógica de un texto organizado en párrafos, sin duda, el año 2018 habría marcado un punto y aparte. Y es que, desde que el marcador de crecimiento abandonara el terreno negativo en el segundo trimestre de 2014 y certificara en los siguientes ejercicios, coma tras coma, punto tras punto, los esfuerzos realizados para recuperar los niveles pre-crisis en numerosos parámetros económicos y sociales, el balance de 2018 no ha hecho sino confirmar que el objetivo se ha cumplido.

 

Balears ha superado la profunda recesión, a la que tantas veces se ha hecho referencia en estas páginas. Así, a pesar de que detrás de los positivos resultados alcanzados en materia de crecimiento y empleo coexisten realidades muy diversas, no se puede obviar que el nivel de renta disponible de los hogares isleños en términos per cápita –considerado por la OCDE y Eurostat el indicador más apropiado para aproximar el nivel de bienestar de la población– ha recuperado ya los niveles pre-crisis (15.300 €-PPA, 2007).

 

Alcanzado el objetivo y situados, pues, al inicio de un nuevo párrafo no debería ignorarse el hecho de que la mejoría que han experimentado muchos indicadores socioeconómicos se ha extendido también a muchas otras regiones, lo que explica que cuando se tiene en cuenta específicamente la renta disponible de los hogares, la posición de Balears comparada con la de las regiones de la UE-28 o de España es claramente peor. No en vano, en los últimos 10 años, Balears ha descendido 64 posiciones en el ranking europeo y 4 en ranking nacional de este indicador.

 

La necesidad de que las islas mejoren a partir de ahora no sólo respecto de si mismas, sino respecto de las regiones que forman parte de su entorno competitivo más directo resulta evidente en la mayoría de indicadores. Así, a pesar de que la tasa de empleo (69,1%) y la tasa de empleo femenina balear (65,1%) han convergido finalmente con la media europea, no se debería ignorar que las islas han erosionado en la última década su posición en el ranking de regiones de la UE-28 (-46 y -22 posiciones, respectivamente). De la misma forma, la mejora observada en las tasas de desempleo (11,7%), desempleo juvenil (27,7%) o desempleo de larga duración (3,2%) no ha sido suficiente para impedir que la posición de Balears empeorara en los rankings europeos, incluso más que en materia de empleo (-59, -79 y -131 posiciones, respectivamente). En esta línea, la tasa de NINIs –porcentaje de jóvenes que ni estudian ni trabajan– ha ido también corrigiéndose para situarse en los niveles de diez años atrás (15,9% vs 15,6%, 2007), aunque el hecho de no haber alcanzado la media europea (10,9%) explica también la pérdida de posiciones del archipiélago (-9 posiciones). Lo mismo puede afirmarse de la tasa de riesgo de pobreza (21,3% vs 15,7%, 2007), toda vez que Balears se ha alejado también de la media de las regiones de la UE-28 (16,9%), respecto de las que ha acumulado una importante erosión (-52 pociones).

 

Todo ello sugiere que, a pesar de lo mencionado con respecto a la recuperación de la renta disponible de los hogares isleños, los ingresos se están distribuyendo con mayor desigualdad que en otras regiones. Así lo confirman el Coeficiente de Gini –que mide la desigualdad en una escala de 0, total igualdad, a 100, máxima desigualdad– y el índice S80/S20 –que mide la relación entre el 20% de personas con renta per cápita equivalente más elevada en la distribución de la renta y el 20% de personas con renta más baja–, pues, en ambos indicadores, Balears presenta una ratio (37,8% y 8,2, respectivamente) que supera la media europea (30,7% y 5,1, respectivamente).

 

Así, pues, el objetivo no puede ser otro que impulsar la competitividad global de Balears. No como un fin en sí mismo, sino como la vía, a decir verdad, la única vía para garantizar buenos resultados en términos de crecimiento, empleo, rentabilidad y bienestar. Ha llegado el momento de que empresas, administraciones, agentes intermedios y centros de investigación planteen sus planes estratégicos y evalúen sus logros de acuerdo a este objetivo y no desde la complacencia que arrojan los resultados absolutos de 2018. Pues no se trata solo de continuar mejorando las condiciones y el comportamiento de determinados parámetros socioeconómicos, sino que Balears sea capaz de mantener de forma sostenible su posición frente a su entorno competitivo más directo.

 

Esto obliga inevitablemente a enfocarse en las debilidades estructurales que son de sobra conocidas y especialmente evidentes en materia de productividad, internacionalización, innovación…, esfera esta última en la que en los últimos diez años Balears ha retrocedido en términos relativos respecto del resto de regiones de la UE-28, a pesar de los esfuerzos realizados en aumentar el gasto en I+D (-12 posiciones) y el personal de I+D (-13 posiciones). Todo ello en un contexto en que el archipiélago sigue perdiendo comba en dotación de recursos humanos en ciencia y tecnología (-11 posiciones) y participación de la población en programas de formación continua (-52 posiciones).

 

Por otra parte, es importante introducir en los planes estratégicos un espectro más amplio de indicadores como los relacionados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible incluidos en la Agenda 2030 de Naciones Unidas, pues la competitividad de una región solo es sostenible en el tiempo si es capaz mantener el nivel de productividad a medio y largo plazo y, simultáneamente, asegurar la sostenibilidad social y ambiental.

 

Por otra parte, es importante introducir en los planes estratégicos un espectro más amplio de indicadores como los relacionados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible incluidos en la Agenda 2030 de Naciones Unidas, pues la competitividad de una región solo es sostenible en el tiempo si es capaz mantener el nivel de productividad a medio y largo plazo y, simultáneamente, asegurar la sostenibilidad social y ambiental.

 

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